Sabes que no hablo demasiado, y que cuando lo hago es por tí. Siempre he valorado la soledad y el silencio, quizás demasiado, pero tú me enseñaste que una sonrisa puede merecer la pena, que no todas las palabras están vacías y que donde hay voluntad hay un camino.
Me diste valor, esperanza, me ayudaste a crecer. Estabas ahí en cada derrota, en cada paso en falso y en cada decepción. Desde un principio supe que no lo merecía, pero jamás te importó. Fuiste mi ángel, me enseñaste a volar.
Y nunca, nunca me dejaste caer. No necesitaste escaleras para llegar a mi ventana, ni alas para salvar la distancia que nos separaba. Incluso ahora que no estás aquí, estás en mis sueños, en cualquier rincón cuando te busco con la mirada. Cada vez que salto al vacío te siento, y la certeza de tu presencia me permite seguir respirando.
Ya lo sabes. Que adoro el viento rozando mi cara; que amo la noche, y volar sobre las luces de esta ciudad. Pero que, ante todo, te amo a tí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario